viernes, 4 de enero de 2008

Música para salvar vidas

“Natumayini” quiere decir “esperanza” en lengua suahili. Ningún nombre mejor para designar este coro de 20 niños huérfanos ugandeses que han encontrado en la música y la danza un futuro brillante. Cada pocos meses viajan a España, donde son ya muy conocidos por sus actuaciones. Hace dos días presencié su primer show en Uganda, y me encantó.

Esta interesante historia empezó hace algo más de dos años, cuando el matrimonio formado por Fabian y Elisabeth Jowles tuvo la idea de formar un grupo folklórico integrado por niños vulnerables que pudieran salir adelante por medio de representaciones artísticas. Fabián, que se define a sí mismo como “un inglés andaluz nacido en Riotinto” y su mujer Elisabeth, francesa, tienen a sus espaldas muchos años de dedicación profesional a la organización de actuaciones musicales. Con los hijos ya mayores, y ambos pasada la cincuentena, un día se echaron la manta a la cabeza y vinieron a Uganda buscando jóvenes talentos musicales. Su primera experiencia, en la que prestaron su ayuda a un orfanato regido en este país africano por un pastor protestante que utilizada métodos de dudosa honestidad no fue nada gratificante. No es de extrañar, en un país donde cada pocas semanas sale a la luz un nuevo escándalo de explotación de niños bajo guisa de “orfanato” o ONG.

Hace dos años decidieron poner en marcha su propia institución, registrada en España con el nombre de “Música Para Salvar Vidas”. Tras muchas vicisitudes consiguieron alquilar una casa en el suburbio de Kireka, en Kampala, que cuenta con instalaciones suficientes para 20 niños. “Casi todos los días nos piden que aceptemos a más –cuenta Fabián Jowles- pero los niños, y más si son huérfanos o vienen de la calle, como es el caso con los nuestros, necesitan una atención de calidad, y no hay más remedio que limitar el número”.

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